Simón Rodríguez Espinoza
El acompañamiento técnico no se define por la frecuencia de las visitas, sino por lo que ocurre en ellas. Que directivos, docentes y profesionales de los SLEP identifiquen su implementación como un desafío da cuenta de un sistema público que fortalece la función educativa del nivel intermedio en Chile.
Un punto clave es comprender que el acompañamiento es una modalidad de apoyo entre profesionales, junto a la mentoría, supervisión y asesoría. En conjunto, buscan mejorar el desempeño y los resultados del sistema, con diferencias en sus dinámicas, foco y supuestos sobre el aprendizaje profesional. Mientras algunas se basan en la transferencia de conocimiento experto, otras priorizan la colaboración, la reflexión conjunta y la construcción situada de capacidades (Rodríguez Espinoza et al., 2025).
Desde el nivel intermedio, acompañar no implica solo canalizar información o monitorear el cumplimiento de planes y herramientas de gestión. Es un dispositivo para la mejora y aprendizaje profesional, situada en un contexto organizacional e institucional. Este proceso se sostiene en tres marcos complementarios: relacional, de trabajo conjunto y conexión con el sistema (Rodriguez Espinoza, en prensa). Promoverlos mediante prácticas efectivas es un desafío en desarrollo.
A nivel internacional, ha crecido el interés por fortalecer el rol del nivel intermedio, reconociendo que puede operar como un órgano pasivo o como un actor activo de mejora (Tournier et al., 2023; Rivas, 2023). La literatura distingue, en este vínculo con las escuelas, dos grandes vías: una centrada en control e incentivos, y otra en aprendizaje organizacional y resolución colaborativa de problemas. La evidencia sugiere que profundizar en esta última permite sostener mejoras en el tiempo. El caso de Sobral, en Brasil, lo ilustra: un municipio que se ha convertido en referente nacional de aprendizajes gracias a un sistema sostenido de apoyo (Dalmon & Núñez, 2026), confirmando lo que Hargreaves (2023) y Tintoré (2024) describen como el potencial transformador del liderazgo “desde el medio”.
En Chile, la evidencia emergente va en la misma dirección. En un panel en preparación para el congreso CILME 2026, que reúne cuatro estudios recientes sobre apoyo técnico desde el nivel intermedio, identificamos que este es valorado cuando es integral, sostenido y cercano, pero se diluye cuando es absorbido por la gestión de instrumentos. Pineda y colegas (2025) muestran que, aun cuando se construyen relaciones de confianza y se reconoce un giro pedagógico en los SLEP, estas se tensionan cuando los objetivos y acciones de mejora no se elaboran colaborativamente, debilitando el compromiso y la apropiación local.
También estamos aprendiendo desde la práctica. Algunos SLEP con más años en régimen han profundizado el trabajo pedagógico. Estas experiencias muestran presencia sostenida en los establecimientos y orientaciones para destinar el mayor porcentaje del tiempo a lo técnico-pedagógico. En una iniciativa conjunta con un SLEP, además, hemos acuñado el término “acompañamiento reflexivo” para distinguirlo del monitoreo y la gestión operacional.
Los riesgos son concretos. Sanfuentes y colegas (2024) documentan que profesionales de apoyo pueden cubrir vacíos organizacionales, desplazando lo pedagógico hacia la gestión de contingencias y continuidad operacional. A esto se suma otro riesgo: diseñar el acompañamiento como tarea exclusiva de la Unidad de Apoyo Técnico, cuando en realidad también involucra a otras unidades. Este punto ha sido revisado en el diplomado del Programa Avanzado en Liderazgo Educativo (PALE), que la Universidad Diego Portales desarrolla en alianza con la Dirección de Educación Pública, y dos fundaciones chilenas.
De aquí se desprenden dos definiciones críticas. Primero, fortalecer el diseño de la estrategia local de acompañamiento: distinguir entre apoyo pedagógico y apoyo en otros ámbitos, contar con tiempos protegidos, un ratio adecuado de profesionales de apoyo por establecimientos, definición de frecuencias de trabajo directo y en red, y formación continua de los profesionales de apoyo. Segundo, la responsabilidad compartida entre dirección ejecutiva, subdirecciones y coordinaciones, entendiendo el apoyo como un proceso transversal a las unidades intermedias del SLEP.
Chile está realizando una importante inversión por construir un sistema que acompañe al trabajo escolar, y ya cuenta con experiencias y aprendizajes en este ámbito. La pregunta en cada SLEP no es si todos los equipos participan en acompañamientos directos y en red, sino con que intensidad y qué tipo de conversaciones se esperan movilizar en esos espacios. Reconocer este desafío es el primer movimiento. El segundo, igual de exigente, es generar coherencia en las condiciones y decisiones que lo hacen posible.