Joseph Flessa es vicedecano de programas en el Instituto de Estudios en Educación de Ontario (OISE) de la Universidad de Toronto (Canadá). Su trabajo se ha centrado en el liderazgo escolar en contextos urbanos y comparativos. Desde hace más de 15 años ha participado en actividades educativas y de investigación en nuestro país, por lo que conoce muy de cerca el sistema escolar chileno.
En la Universidad Diego Portales apoya en proyectos de investigación y formación. Recientemente estuvo aquí en Chile participando del Congreso CILME 2026 y además vino a apoyar como profesor del Programa PALE (Programa Avanzado en Liderazgo Educativo) que está dirigido a los equipos que liderarán los SLEP a partir de 2027.
Sobre la formación de los equipos de los Slep, el académico plantea en términos generales, que quienes tienen nuevo cargo deben aprender nuevos conocimientos y también acerca de cómo manejar la nueva responsabilidad. Afirma que no todos llegan con la experiencia y los conocimientos necesarios para poder realizar el trabajo. Aunque admite que las personas sí llegan con una habilidad y un interés en invertir en esta reforma. En este sentido, afirma: “Parte de la formación tiene la responsabilidad de entender que es instruir constructivamente considerando los conocimientos que ya tienen y la manera de trabajar que traen, lo que va a aportar a esta nueva organización”.
Su perspectiva es que los Slep son una estructura y, detrás de ellos, hay una organización con una filosofía que impulsa una mejora educativa en todo el sistema: “Todos, en un nuevo cargo, debemos aprender algo, llegamos con experiencia y expertisse, pero parte de la primera fase es realmente entender hasta dónde llega la influencia que voy a tener. La posibilidad de seguir aprendiendo mientras uno empieza en un nuevo cargo, es algo súper importante”.
En cuanto a su experiencia en formar directores de escuelas urbanas en EE.UU. y Canadá, señala que la creación de una red es de lo más poderoso. Empiezan su nuevo cargo con un equipo detrás que está intentando hacer el mismo trabajo: “Éste es un recurso que ayuda a enfrentar el trabajo difícil que hay que hacer. El entorno de respaldo son las personas que están haciendo lo mismo y al mismo tiempo. Con esto se crea un grupo horizontal de colegas a quienes pueden preguntar y con quienes puedes compartir dificultades y éxitos al mismo tiempo. No sentirse solos es parte importante para que puedan sobrevivir a la presión que van a sentir”.
Un punto importante que destaca es que la formación da la instancia de reflexionar y brinda un poco más de protección para experimentar, para preguntar y plantear dudas. “Les da más espacio, porque en el día a día hay que tomar muchas decisiones rápidamente, pero con el programa de formación da más tiempo para reflexionar por qué surge ese problema, de dónde viene, si es problema o dilema. La formación permite seguir aprendiendo, un líder efectivo sigue siendo un aprendiz con curiosidad”, afirma el académico.
El riesgo que enfrentan los niveles intermedios, como los Slep, es que se conviertan en una “oficina de correos”, es decir, que se transformen en un lugar que recibe políticas desde el ministerio y luego, desde allí, se entrega así directamente a las escuelas: “Eso es lo que no debe ser. Es necesario tener esto en cuenta para poder tener una influencia positiva hacia las escuelas. Obviamente, el sistema tiene una responsabilidad de entregar, ayudar a comunicar y a crear sentido a las nuevas políticas y prioridades que vienen desde arriba, sí es una responsabilidad, pero no es la única. Entonces, el riesgo es que se convierta en otro nivel burocrático, que quite recursos al nivel local y que no dé valor agregado al sistema”, advierte el académico.
Por otro lado, el académico sostiene que la contribución que sí puede hacer el nivel intermedio, es que realmente puede crear un enfoque más cercano a la realidad diaria de las escuelas, mejorar el trabajo académico, y también pueden enfocarse estratégicamente y apoyar las metas académicas de las escuelas.
Desde su perspectiva internacional, al aportar valor agregado al sistema, los servicios locales son responsables de mantener un enfoque en lo académico, no en lo burocrático, crear redes para que las escuelas puedan aprender de todas. Los niveles intermedios pueden ser la organización que conviene para que el grupo de escuelas, con sus conocimientos, habilidades y expertisse puedan tener más poder, ya que una red evita el aislamiento y permite una intervención más poderosa, al reconocer que en cada escuela hay un conocimiento que puede ser integrado en todas las demás. El nivel intermedio, entonces, puede propiciar esas conexiones para aprender de las experiencias éexitosas de los otros.
Para el académico, lo interesante en este tema es reflexionar acerca de la experiencia que tuvimos durante el COVID, que mostró que las escuelas tienen un rol muy importante no sólo en lo académico, pero también sociocultural: “Los profesores y niños que se quedaron en casa perdieron un poco de lo académico, pero mucho más en lo social, pero este factor aparece como si fuera un extra”.
Al pensar en invertir en educación pública, pensamos en invertir en capital humano y en capital social. Es importante crear la oportunidad de conversar, aprender y ponernos en el lugar del otro, que no es igual que yo.
Con respecto a la pregunta de la inversión, el académico se plantea: “¿qué instituciones nos mantienen juntos? Y la educación pública es una de ellas. Es muy importante reconocer que parte de la educación pública es la entrega de resultados académicos, pero también el sistema público de educación puede ayudar a mantenernos sanos como personas y como sociedad. Realmente creo que la inversión en instituciones públicas en este momento se hace necesario para defendernos de lo inesperado que viene”.
Frente a la creación de sistemas de educación pública para que los niños y jóvenes puedan asistir a las escuelas sin la necesidad de pagar, el académico se cuestiona ¿por qué hacemos esto?: “Es porque creemos que hay un poder social importante, reconocido en todo el mundo, que pueden entregar las escuelas públicas y que no se entrega en otras partes”.
Respecto de su experiencia como académico en nuestro país, afirma que un riesgo que se corre en su área de estudios es que lleguen profesores con una lista de recomendaciones para mejorar las instituciones.
En respuesta a ello, sostiene que en los programas de formación es fundamental dar la oportunidad a los alumnos de reflexionar respecto del propio contexto, que simplemente reciban las respuestas: “Mi perspectiva es, al menos, intentar tener una conversación entre las ideas que vienen, por ejemplo, de Canadá, con preguntas que surgen del trabajo diario en Chile, y descubrir dónde existe tensión”.
Lo realmente importante, afirma el académico, es crear estándares o marcos locales o nacionales en Chile, lo que tendrá más poder que importar algo desde el extranjero: “En la clase intento estar en esa frontera, entre reconocer lo que existe afuera y trato de mantener una conversación que reconozca el contexto local con el contexto internacional”.