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Claudia Godoy
Secretaria académica Magíster en Liderazgo y Gestión Educativa
El proceso de institucionalización de la Educación Parvularia en Chile ha transformado las expectativas sobre los liderazgos del nivel durante la última década, con nuevos referentes y estándares que demandan un liderazgo pedagógico y estratégico capaz de construir una visión compartida, crear vínculos con familias y comunidades, desarrollar las capacidades de los equipos, y articular acciones en función del aprendizaje, desarrollo y bienestar de niñas y niños. La incorporación de las educadoras de párvulos al Sistema de Desarrollo Profesional Docente ha reforzado, además, la responsabilidad directiva sobre la formación en servicio, la colaboración y la innovación pedagógica (Ley 20.903).
Estas expectativas adquieren matices según el contexto. En salas cuna y jardines infantiles, la institucionalización ha agregado mayores exigencias de planificación, monitoreo y mejora continua, en escenarios donde persisten dificultades como la carga administrativa, la rotación profesional y el escaso tiempo para el acompañamiento pedagógico (Opazo et al., 2022; Zett et al., 2024). En escuelas y liceos, el liderazgo debe además resguardar la especificidad de la Educación Parvularia dentro de organizaciones donde históricamente se ha subsumido a las lógicas de la Educación Básica (Pardo et al., 2021), enfrentando también riesgos de escolarización (Opazo y Riquelme, 2021).
El propio MBDL EP reconoce esta heterogeneidad: dependencia administrativa, territorio, modalidad, enfoque pedagógico, niveles impartidos y composición de los equipos configuran distintos escenarios de liderazgo. Mientras en salas cuna y jardines infantiles la dirección suele recaer en una persona, en establecimientos escolares puede distribuirse entre una coordinación del nivel, la jefatura técnica y/o la dirección (SdEP, 2023). Existe, por tanto, un horizonte común, pero no un único escenario desde el cual liderar.
Responder a esta complejidad requiere capacidades que difícilmente se desarrollan solo mediante la experiencia. Un estudio reciente con expertas identificó la falta de formación en liderazgo como un obstaculizador para la reconfiguración del rol y advirtió la necesidad de fortalecer tanto la formación inicial como continua. Mientras muchas directoras de salas cuna y jardines infantiles aprenderían a ejercer el cargo principalmente desde la experiencia, en escuelas y liceos predominarían aproximaciones generales al liderazgo que reconocen insuficientemente las particularidades del nivel (Godoy, 2026). Además, algunas instancias formativas se concentran en transmitir referentes de política, mientras oportunidades altamente valoradas -como el intercambio profesional y el acompañamiento situado- continúan siendo escasas (Godoy, 2026).
Aquí las universidades chilenas pueden desempeñar un papel estratégico mediante aquello que les es propio: producir conocimiento, formar profesionales y vincular investigación y práctica. Su aporte puede trascender la transmisión de prescripciones, generando oportunidades para desarrollar capacidades de interpretación, reflexión y toma de decisiones situadas. Esto supone comprender el liderazgo como parte de una trayectoria profesional que articula formación inicial, experiencia laboral, formación continua y especialización, integrando conocimientos sobre primera infancia con aquellos relativos a liderazgo, gestión y mejoramiento educativo.
Esta agenda tampoco debiera circunscribirse a quienes dirigen salas cuna y jardines infantiles. Los programas dirigidos a equipos directivos de escuelas y liceos deben permitir comprender la especificidad pedagógica de los primeros años y su relevancia para las trayectorias educativas. Cuando una escuela imparte Educación Parvularia, integrarla a su cultura, visión y planificación estratégica constituye un horizonte ético para el liderazgo: las experiencias educativas tempranas de calidad pueden proyectar sus efectos sobre etapas posteriores (Heckman, 2008, 2011; Cortázar et al., 2023); por ello, las decisiones adoptadas durante estos años pueden ampliar o restringir oportunidades a lo largo de trayectorias mucho más extensas.
Una cuestión de justicia formativa
Esta agenda tiene también una dimensión de justicia formativa. La institucionalización ha especializado las expectativas sobre quienes lideran la Educación Parvularia sin que necesariamente se hayan desarrollado oportunidades formativas capaces de sostenerlas (Godoy, 2026). No basta, entonces, con profesionalizar las expectativas si no se profesionalizan también las oportunidades para aprender a ejercerlas.
La justicia formativa supone no solo acceder a oportunidades pertinentes para desarrollar las capacidades profesionales requeridas, sino que estas favorezcan juicio profesional, autonomía y capacidad crítica para interpretar la realidad y actuar sobre ella. Trasciende así una comprensión distributiva de la formación para atender también a su potencial transformador (Sosa Alonso et al., 2023).
Esta perspectiva vincula la justicia formativa con la justicia educativa. Una Educación Parvularia de calidad puede contribuir a trayectorias más equitativas desde los primeros años, y el liderazgo es clave para fortalecer las condiciones organizacionales, las capacidades de los equipos y las decisiones mediante las cuales recursos, conocimiento y políticas se transforman en prácticas educativas (Leithwood et al., 2020).
La agenda universitaria puede, por ello, ir más allá de incorporar contenidos sobre liderazgo: supone consolidarlo como campo de formación y producción de conocimiento; articular formación inicial, continua y especializada; incluir a quienes lideran salas cuna, jardines infantiles, escuelas y liceos; e investigar sus particularidades en distintos contextos.
Chile ha avanzado en definir aquello que espera de quienes lideran la Educación Parvularia. El desafío es generar oportunidades igualmente robustas para aprender a ejercer ese liderazgo. Hacerlo constituye una cuestión de justicia formativa para quienes asumen estas responsabilidades y, sobre todo, de justicia educativa para niñas y niños.