La educación chilena está estancada hace más de una década en sus resultados de aprendizaje académicos y no-académicos. Es urgente buscar diferentes soluciones para lograr avanzar gradual, pero sostenidamente, en la calidad y equidad educativas. Entre ellas, se debiera considerar seriamente la instalación de una carrera directiva para los establecimientos escolares con financiamiento público. Esta medida no es por cierto una panacea ni excluye a otras medidas que la educación chilena reclama, tales como la puesta al día del currículo, el cambio de sistema de financiamiento o la disminución del agobio burocrático de los establecimientos.
¿Por qué impulsar un sistema de desarrollo profesional de directivos escolares?
- Porque existe una sólida evidencia nacional e internacional sobre el efecto del buen liderazgo y gestión de los directivos en la calidad de los aprendizajes de los estudiantes. Un botón de muestra: un metaanálisis reciente de Grissom et al. (2021) en USA mostró que, si se reemplaza un director del cuartil de peor desempeño por uno del de mejor desempeño, ello se traduce en más de dos meses de aprendizaje adicional en matemáticas y lenguaje para los estudiantes del establecimiento.
- Porque existen problemas de atractividad para ocupar las posiciones directivas, en especial en los establecimientos de mayor complejidad social y cultural. Las razones que esgrimen muchos potenciales candidatos para no postular a la posición de director/a es que no se reconoce debidamente la responsabilidad que ello conlleva. Esta opinión se ha fortalecido debido a que la nueva carrera docente mejoró sustantivamente las remuneraciones de los docentes de aula, en especial de los considerados Expertos, pero sin modificación alguna en la situación de los directivos.
- Porque se tiene dificultades para retener a los directivos en sus cargos, en especial en establecimientos de alta complejidad. Un estudio del CIAE de la universidad de Chile (Valenzuela et al., 2025) siguió a la cohorte de directores entre los años 2017 y 2022 y constató que, sin considerar a quienes estaban en edad de jubilación, 42% ya no estaba en dicha posición al finalizar el periodo. Un elemento adicional que pesa en esta salida temprana de directores es la normativa vigente que obliga a los directores del sector público a concursar desde cero su cargo en un centro escolar a los cinco años de ejercicio.
- Porque no hay un impulso al logro del máximo potencial de desarrollo que poseen los directivos durante su trayectoria profesional. Es sabido que los directivos atraviesan diferentes etapas en su carrera, con un inicio que suele ser especialmente dificultoso (el denominado “shock inicial”) para luego avanzar a un estadio más consolidado en el ejercicio del rol, culminando algunos de ellos su carrera con un dominio experto del cargo (Oplatka, 2004). Dichas etapas requieren diferenciarse en cuanto a sus respectivas condiciones laborales, atribuciones y apoyos para favorecer el desarrollo pleno de la trayectoria de los directivos, lo que en Chile no ocurre.
- Porque no se utiliza el potencial que representan los directivos más destacados como un recurso formativo y de apoyo de otros directivos. Al no estar identificados los directivos de excelencia ni contarse con oportunidades para que se desplieguen más allá de su establecimiento, el sistema escolar no saca mayor provecho de sus capacidades y experiencia. Otros sistemas educativos emplean, en una perspectiva de liderazgo sistémico (Hopkins, 2018), a estos directivos como mentores de quienes se están iniciando en la posición, así como de animadores de redes de indagación y desarrollo profesional entre directivos de un mismo territorio.
- Porque se posee una distribución inequitativa de las capacidades de dirección entre los establecimientos escolares y no se cuenta con medidas suficientes para corregirla. La desigualdad que caracteriza a la educación chilena, en que los estudiantes que tienen menor capital cultural y peores condiciones de vida reciben también una educación más empobrecida, podría ser atenuada si las políticas incentivaran con fuerza el reclutamiento de los directivos más competentes para las escuelas y liceos más complejos. Sistemas escolares exitosos, como el de Shangai en China, han incorporado este criterio para el avance de las carreras profesionales de sus directivos.
- Porque es una política educativa que tiene un alto efecto de réplica y es costo/efectiva desde el punto de vista de las finanzas públicas. Invertir en los directivos es una estrategia probada para impactar al conjunto del sistema, modificando las dinámicas de aprendizaje en los establecimientos escolares. Los directores de establecimientos escolares en Chile hoy son algo más de ocho mil. Si se logra contar con una dotación de directores que tenga un desempeño profesional destacado, su liderazgo y gestión será un factor de transformación de la labor que desempeñan más de doscientos cincuenta mil docentes de aula y directivos.
Desde hace tres gobiernos, incluyendo al actual, se ha declarado la voluntad de instalar un sistema de desarrollo profesional para los directivos. Existe consenso técnico y político sobre su necesidad. Ello no se ha concretado, a pesar de que las razones sobran. Es de esperar que esta vez la cuarta sí sea la vencida.