menú

Uno de los principales conferencistas de la apertura del VII Congreso Iberoamericano sobre Liderazgo y Mejora Escolar CILME 2026 es Axel Rivas, quien nos introdujo en el tema central de esta convocatoria y que tiene que ver con los tiempos de incertidumbre educativa que estamos viviendo.

Hace referencia a los crecientes niveles de incertidumbre a nivel global en varios aspectos. Primero en la mirada de futuro, que cada vez tiene más interrogantes, el aceleramiento de los cambios sociales, el cambio tecnológico que afecta a la educación. “En cuanto a los educadores y docentes, su trabajo es ser futurólogos, porque de alguna manera tienen que adivinar el futuro para que lo que enseñen tenga sentido y valor en el mediano y largo plazo y no sólo en la inmediatez del aprendizaje, y eso se ha vuelto cada vez más difícil con la tendencia de la IA generativa con respecto a tareas que iban a ser propiamente humanas”, explica el investigador.

En un contexto Latinoamericano y político, también hay crecientes niveles de incertidumbre desde hace varios años. Con la pandemia, esto también fue parte de un proceso en el cual la mayoría de los países de la región vive muchas tensiones políticas y cambios, fragilidad en la gobernanza, inestabilidad en ciertas visiones de la educación que son muy importantes para poder entrar en lo específico y no quedarnos constantemente en una batalla de sentido común, explica Axel Rivas. “Se ha vuelto un territorio cada vez más disputado, cuáles son los valores sobre los cuales estamos de acuerdo, cuáles son las bases fundamentales, el sentido de por qué educamos. Todas estas incertidumbres nos vuelven un poco más frágiles como educadores y se vinculan con otras incertidumbres que ya veníamos teniendo. Estamos en un escenario con muchas preguntas, y también (la idea) es para que la investigación nos ayude a contestar algunas de esas preguntas y espero que el Congreso sea parte también de esa visión”.

La IA y la educación.

“Hemos perdido más el control sobre lo que habita la mente de nuestros alumnos, como dónde pasan su tiempo, qué ideas van generando, de dónde sale el conocimiento y cómo se formula. Creo que hay un tiempo donde hay mayor incertidumbre, en particular la aparición de IA nos trajo nuevas preguntas acerca de cómo se produce el conocimiento, lo que algunos llaman una epistemología fantasma, porque no sabemos bien quién crea ese conocimiento, lo crean algoritmos que no están controlados por humanos y que son autónomos, que producen conocimiento que no sabemos cuál es su base y legitimidad ética, epistemológica, teórica, porque no la tiene, pero produce un conocimiento. Entonces nos obliga como educadores a posicionarnos y encontrar una manera de dialogar con herramientas educativas para que nos permita un cierto control sobre lo que sucede”.

Liderar y mejorar.

El campo de la investigación en el tema del liderazgo no ha sido un campo homogéneo, pero nos ha permitido aumentar nuestro conocimiento y tener una plataforma sobre la cual pararnos y esas lecciones siguen siendo fundamentales, lecciones sobre el liderazgo distribuido, liderazgo pedagógico, la construcción de una cultura institucional y un clima de trabajo en el cual los docentes se sienten parte de un proyecto, se sienten convocados a ser parte de un equipo, a desafiarse a integrar un colectivo, a pensar las prácticas de enseñanza de manera más desafiante, a mirar los resultados como parte de un diagnóstico que nos permite comprender mejor cómo aprenden nuestros alumnos, no como una única manera, también como un discurso homogéneo y el aprendizaje estandarizado puede convertirse en una trampa, o por lo menos lo que se mide puede convertirse en una trampa. Sin duda que tener indicadores que nos dan una orientación, una guía a poder poner foco y también poder dialogar en conjunto a nivel institucional, o local, sobre los logros de nuestros alumnos o de las dificultades, a poner más luz sobre aquellos que tienen problemas en su aprendizaje, que algunas veces se nos pasan de largo. Tener datos nos permite visibilizar lo invisible”.

La importancia de un proyecto educativo monitoreado.

“En la construcción de un proyecto es muy importante ponerse objetivos que sean reales e importantes y monitorearlos de manera seria y real. Asignar ciertas responsabilidades, en algunos casos individuales y en otros colectivos, generar ese proceso de selección, seguimiento, monitoreo y evaluación como parte de una cultura institucional que tiene esta mirada sobre la mejora, sobre la toma de conciencia de lo que a veces no se ve. Hacer que una escuela reflexione sobre sus prácticas, compartir con los alumnos una mirada sobre la educación que está viva, que está despierta, que tiene interrogantes, que no tiene todo resuelto pero que tiene una búsqueda. Toda esa tradición de investigación, de teoría sobre la construcción de proyectos y procesos de mejora, sigue siendo tan válida como antes y la necesitamos con una mirada dinámica y que incorpore nuevos elementos, pero que sigue siendo una base importante para poder investigar y operar desde la gestión y la política”.

Ingredientes clave para liderar proyectos educativos ante un escenario de incertidumbre educativa.

Hay una vuelta a la disciplina, al rigor, en la enseñanza basada en el esfuerzo, en el mérito, que es una respuesta a toda una serie de olas de un pensamiento educativo más renovador, más basado en el aprendizaje, en los alumnos, en la motivación, es una reedición de un combate histórico entre una pedagogía más visible, estricta y estructurada y una pedagogía más invisible, más de descubrimiento y de protagonismo de los alumnos. Me parece fundamental escapar a todas las trampas de esas visiones polarizadas y construir un proyecto sensato, que también tienen otras escuelas que permiten también justificar nuestras decisiones, dialogar con la investigación y la teoría. Tener claro ese proyecto que responde a muchas de las problemáticas que ocurren en el aula, no de una manera simple y lineal, requiere trabajo, conceptualización, desarrollo con los docentes, pero permite hablar un lenguaje común en el cual lo que aprenden nuestros alumnos vale la pena, y no es ni competencias ni contenido, son niveles de comprensión creciente de las disciplinas, que nos permiten, lo que algunos autores llaman, un lenguaje generativo, es decir, poder hacer algo con lo que aprendemos, poder transferir el aprendizaje a nuevas situaciones. Es el lenguaje de la comprensión y me parece que esa sigue siendo la batalla central, la que le da sentido al trabajo de los docentes, la que opera contra la pregunta de qué aprender en la era de la IA, aprender las grandes disciplinas, aprender a pensar científicamente, aprender a pensar desde la historia y desde las otras disciplinas (para no citarlas todas), nos permite mirar de otra manera el mundo, nos convierte en humanos, nos convierte en agentes, autores de la conversación sobre el destino de la humanidad y sobre nosotros mismos. Hablar el lenguaje de la comprensión y el aprendizaje profundo, para mí sigue siendo la batalla central del sistema educativo”.