Conversamos con el académico José Joaquín Brunner, profesor emérito de la Universidad Diego Portales e investigador del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá. Dirige la Cátedra Unesco de Políticas Comparadas de Educación Superior y el Doctorado de Educación Superior ofrecido conjuntamente por la Universidad Diego Portales, Universidad de Chile y la Universidad de Leiden, de los Países Bajos. En esta ocasión, el académico comparte su visión acerca de un tema muy complejo que se está experimentando en los establecimientos educacionales actualmente: la violencia escolar.
Las causas detrás de este fenómeno sociocultural
La violencia escolar, explica el académico, es un resultado con múltiples causas muy profundas: organización, valores, los comportamientos de una sociedad, entre otros. Es un fenómeno mundial que a la vez se expresa de muy diversas maneras en distintas culturas y países. Las sociedades más afectadas son las democráticas y liberales de occidente, vale decir, EE.UU, América Latina y países europeos. Referirse a este problema en sociedades como la china -con otro tipo de tradiciones, regímenes políticos- o en los países árabes, es totalmente diferente ya que la violencia se expresa, probablemente, de muy diversas maneras, concluye.
En la sociedad chilena las razones van desde la desintegración de la familia y las comunidades, un tejido social muy delgado y permeado por desigualdades, microviolencias no solo en la escuela, sino en la sociedad en su conjunto. Hace referencia también a “incivilidades, que no son propiamente ni delitos, ni actos de barbarie vandálica, ni de violencia brutal, sino que son faltas de civilización, incivilidades, que se ven en la calle, al interior de los hogares, en las relaciones de los hinchas con sus equipos de fútbol, a veces en discusiones en el Parlamento”.
Se suman a las anteriores, la pérdida de las estructuras de autoridad y el reconocimiento de la autoridad legítima. En este sentido, menciona que históricamente, “la familia es la primera estructura de autoridad, donde el infante que nace se ve expuesto a una institución relativamente organizada, pero que hoy está desorganizada, desintegrándose y, entre otras cosas, lo que más sufre es precisamente la noción, la convivencia y la práctica de la autoridad al interior de la familia”.
En todas partes –explica- vemos esta dificultad de la sociedad chilena contemporánea de convivir y de actuar dentro de normas y estructuras de autoridad que se reconozcan como plenamente legítimas. “¿Cómo construimos comunidades con estructura de autoridad que son, entre otras cosas, fundamentales para el aprendizaje del autocontrol?, es algo que nos interesa a todos los que trabajamos en el mundo educativo. Este problema de la violencia, de distintos tipos y expresada de diferentes maneras en los colegios y en la sociedad, es uno de los problemas más graves y complejos que estamos enfrentando en el primer cuarto del siglo XXI”, resume el académico.
El contexto de la violencia escolar
Enfrentar los problemas de la violencia dentro de la escuela básicamente con medidas intrusivas, punitivas, sancionatorias y no pensar en el contexto en el cual la violencia se está desarrollando y madurando de las maneras más peligrosas, no es posible para avanzar, enfatiza José Joaquín Brunner a raíz de la reciente entrada en vigencia de la Ley Escuelas Protegidas.
Para ello –afirma- es absolutamente imprescindible que, junto con mirar cómo actuamos frente a determinadas violencias, tenemos también que abordar los temas de contexto dentro de los cuales esa violencia se está retroalimentando día a día, lo cual no es solucionable solamente por la vía sancionatoria y de la seguridad.
En el campo educacional, lo central es la labor preventiva, lo que tiene que ver con la relación entre los hogares y la escuela. “Sabemos que una de las condiciones clave para tener colegios que logren, efectivamente, abordar problemas de violencia, tiene que ver con esta relación. Pero resulta que esa relación está quebrada en muchas comunidades escolares. Si no avanzamos en este plano, es muy difícil que después podamos reclamar dentro del colegio que los problemas de microviolencia, violencia social, comportamientos de los familiares y de los propios estudiantes, podamos solucionarlos”.
Otro de los puntos importantes señala es fortalecer los hábitos de autoresponsabilidad de la vida en comunidad. “Si no tenemos sujetos, cualquiera sea su edad, que tengan cada día una mayor autoconciencia de cuáles son sus propios límites en la convivencia con otros y que no tengan la capacidad de autocontrolarse y que lo único que estamos tratando de hacer desde afuera, es tratar de controlarlos autoritaria y punitivamente, es decir, estamos haciendo exactamente lo que la sociedad no requiere. Todo lo que llamamos desarrollo de hábitos, de carácter, de responsabilidad, de cumplir con entusiasmo y con efectividad los compromisos que se asumen, son un eje fundamental en los colegios”.
El ser humano que se forma en la escuela
Relacionado con los temas anteriores, menciona dos publicaciones importantes. Una de ellas es el informe “La educación encierra un tesoro”, presentado a la Unesco en 1996 por la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. Uno de los puntos que plantea este informe es que el conocimiento se sustenta en cuatro aprendizajes fundamentales: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser. Y la segunda es la Encíclica del Papa León XIV “Magnifica Humanitas”, donde se plantea qué es lo propiamente humano que tenemos que desarrollar, la gran pregunta que se hace frente a la situación de la humanidad en tiempos de inteligencia artificial.
A modo de reflexión sostiene que “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser, me parece que son cuatro maneras de decir que el colegio no se agota en el siglo XXI en el curriculum formal, sino que, si no está acompañado por un enorme curriculum, que es cultural, moral, propio de las humanidades, estamos perdidos”.
Frente a todos los desafíos que enfrentan hoy los directivos escolares, uno de los principales es cómo liderar las comunidades escolares. Más allá de las exigencias de rendimiento escolar, hay mucho más por hacer: “los directores de colegio son los nuevos directores de orquesta de unas comunidades que se han vuelto hipercomplejas, como son las comunidades escolares, por lo que tienen que inspirarse en estas cuatro dimensiones”, afirma Brunner.
La perspectiva de los directivos escolares
La noción de una educación más cultural y no caer en una visión reduccionista de la formación de los estudiantes, que busque solamente responder a la necesidad de “crear personas que puedan ser valorizadas monetariamente en el mercado a través de las ocupaciones que van a tener” y, por lo tanto, “tener un curriculum cada vez más cercano a los roles y a lo que requieren hoy las empresas, las oficinas públicas, las distintas funciones que se desarrollan en la economía” es crucial según el académico para enfrentar el desafío actual. Requiere también pensar que se están formando a futuros padres y madres de familia: “Son estas cosas fundamentales las que tenemos que aprender y los directivos escolares están en la posición máxima de dificultad y de responsabilidad”.
Agrega que “el ejercicio del liderazgo en las escuelas, que no es solamente la dirección, sino el liderazgo capaz de construir comunidades escolares bajo nuevas condiciones y sujetas a todas las limitaciones materiales, tecnológicas, políticas, ideológicas de la sociedad chilena. Hay que construir un nuevo tipo de comunidad escolar”, es la clave para generar un nuevo clima cultural es las escuelas.
Ante este gran desafío se requiere un cambio de mentalidad en quienes lideran la comunidad escolar y es, en este sentido, que Brunner afirma que los directores y líderes de los colegios tienen que asumir el papel de cómo hacer que esa comunidad se haga responsable de sí misma, de sus comportamientos porque, de no ser así, efectivamente, una minoría puede destruir el colegio, corroerlo por dentro e impedirle transformarse en una comunidad: “Tiene que haber una manera en que cada cual entienda que la responsabilidad de las comunidades no es la suma de lo que cada uno aporte individualmente, sino non formas de acción colectiva, de colaboración donde, con pleno respeto a la individualidad, a la identidad de cada uno, pero que hay cierto tipo de problemas que son de la comunidad como tal y que tienen que abordarse comunitariamente”.
Aunque al parecer se están dando pasos respecto de cómo abordar la violencia que se está manifestando en los establecimientos educacionales actualmente, aún queda mucho por analizar, reflexionar y tomar conciencia de cuáles son los caminos reales a seguir para llegar al anhelo de una comunidad escolar donde los equipos directivos, docentes, alumnos, padres y apoderados puedan abocarse, de manera armónica, a lo fundamental: formar seres humanos integrales.